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El último adiós: los restos de la reina Isabel II ya descansan en el Castillo de Windsor

El rey Carlos III estuvo al frente del cortejo con Camila, la reina consorte. Millones de personas en Reino Unido y el mundo despidieron a la reina Isabel II.

El Reino Unido despidió a la reina Isabel II.

El funeral de Estado la reina Isabel II del Reino Unido, fallecida el 8 de septiembre a los 96 años, finalizó al mediodía de este lunes (hora británica) en la Abadía de Westminster, en Londres. Luego el féretro fue trasladado en procesión hacia el Castillo de Windsor, asiento de la casa reinante, para un segundo servicio.

Millones de personas siguieron la ceremonia de este lunes, tanto en las calles de Londres como a través de los medios desde todos los rincones del mundo. Dentro de la Abadía de Westminster estuvieron presentes dignatarios internacionales y representantes y monarcas de las casas reales de Europa y de otros países.

Luego el ataúd de la reina Isabel II salió de la Abadía de Westminster envuelto en banderas y coronado por la Corona Imperial de Estado para ser trasladado de en un carruaje para dar comienzo a la procesión que la llevará a través de Londres hacia el Castillo de Windsor para un segundo servicio.

El féretro de la reina Isabell II es escoltado por los policías de la Real Policía Montada de Canadá y por cuatro representantes del Sistema Nacional de Salud del Reino Unido (NHS), siempre elogiado por miembros de la Familia Real.

También estuvieron unas 200 personas condecoradas por la reina en junio de este año.

El servicio fúnebre de la monarca se llevó a cabo en la Abadía de Westminster, el templo donde se casó con Felipe, duque de Edimburgo, y donde en 1953 fue coronada reina.

Durante el sermón, el Arzobispo de Canterbury dijo que la monarca marcó a «una multitud» durante sus 70 años de reinado.

Cientos de dignatarios asistían a la ceremonia, incluyendo los ex primeros ministros del Reino Unido, así como el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el mandatario francés, Emmanuel Macron.

También estuvo la actual primera ministra del Reino Unido, Liz Truss, y la familia real al completo, encabeza no sólo por el rey Carlos III y su consorte, Camila, sino también por los príncipes de Gales, William y Catherine, sus hijos mayores, George y Charlotte, y el hijo menor del monarca, Harry, duque de Sussex, con su mujer, Meghan Markle.

De izquierda a derecha: Meghan Markle; Camila, reina consorte; George, hijo mayor de los príncipes de Gales; Catherine, princesa de Gales, y Charlotte, su hija.

El féretro había llegado a la abadía pasadas las 11 (las 7 en la Argentina) en un afuste (carro para cañones) tirado por decenas de marineros, luego de ser despedido a lo largo de 10 días en capillas ardientes montadas en diversas locaciones, en las que cientos de miles de ciudadanas y ciudadanos se acercaron a darle su adiós después de haber soportado colas de hasta 14 horas.

El cortejo fúnebre fue breve, ya que el ataúd se encontraba en el cercano Palacio de Westminster.

Al frente de la procesión había alrededor de 200 gaiteros y tamborileros de los Regimientos Escocés e Irlandés, la Brigada de Gurkhas y las Fuerzas Armadas (RAF).

Detrás del carruaje caminaron el rey Carlos III y sus hermanos, seguidos por el príncipe Guillermo.

Tanto Carlos como otros miembros de la realeza, incluida la princesa Ana y Guillermo, vestían uniforme militar.

Andrés, quien fue despojado de los títulos reales tras su vinculación con un escándalo sexual de abuso de menores, y el príncipe Enrique, que abandonó sus deberes reales luego de casarse con la actriz estadounidense Meghan Markle, no usaron los atuendos militares.

El féretro fue escoltado por 142 marineros de la Marina Real, una tradición que se remonta al funeral de la reina Victoria en 1901.

El servicio fue dirigido por el decano de Westminster, David Hoyle, mientras que el sermón estuvo a cargo del arzobispo de Canterbury, Justin Welby, líder de la Iglesia Anglicana, de la que el rey de Inglaterra es cabeza desde la ruptura con el Vaticano en el siglo XVI.

Carlos III, acompañado por la princesa Ana y los príncipes Andrés y Eduardo.

El féretro recorrió las calles de Londres hasta el arco de Wellington, en Hyde Park Corner, en un cortejo en el que se espera la presencia de un millón de personas.

Más tarde, el ataúd saldrá en auto hasta el castillo de Windsor, a unos 30 kilómetros, donde tendrá lugar un nuevo servicio fúnebre, más familiar, y su entierro, ya en el ámbito privado.

Desde el sábado, 48 horas antes del cortejo, las primeras personas empezaron a apostarse en las calles del recorrido.

Se espera además que cientos de miles se vuelquen a las calles de la capital británica.

Ayer Carlos III agradeció el apoyo de la gente hacia él y su familia y dijo que estaba «profundamente conmovido».

La operación de seguridad para proteger el funeral implica el despliegue de una cantidad de policías nunca vista en Londres, según los medios británicos.

«Como evento único, esto es más grande que los Juegos Olímpicos de 2012, es más grande que el fin de semana del Jubileo de Platino», dijo el subcomisario adjunto de la Policía Metropolitana, Stuart Cundy.

Más de 10.000 policías y personal se dedicarán al funeral, mientras que todas las fuerzas del Reino Unido contribuyeron, incluida el de la Policía de Irlanda del Norte.

Cientos de jefes de Estado, jefes de Gobierno y altos miembros de la realeza deberán viajar a través de Londres a una iglesia de 800 años de antigüedad, sin un perímetro de seguridad permanente.

Biden alabó la «dignidad» y el «servicio» de la reina Isabel II, antes de acudir al Palacio de Buckingham ayer para una recepción del nuevo monarca.

Mientras tanto, mucha gente acampó durante la noche en bolsas de dormir a lo largo de las calles principales de Westminster por donde pasará la procesión.

Desde el miércoles cientos de miles de personas hicieron cola para pasar frente al ataúd de la reina, y los últimos se fueron justo después de las 6.30 de esta mañana.

La gente llegó a esperar durante más de 24 horas en una larga fila a lo largo del Támesis en el centro de Londres, de casi 8 kilómetros.

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